B. populacho

El tiempo no muere, el viento lo eclipsa. Una moneda al aire es  como el sentido de esta promesa hecha en la oscuridad con que nos lo jugamos todo, en medio de la mañana fría que ya tienta y aparece cerquita de la almohada del fin del mundo.

Si nos piden ahorro de energía,  que por favor primero apaguen los bancos el cuatro por mil.
Cinco cámaras de seguridad nos persiguen. Planos generales para el espacio; planos generales para ella y para mí. Me siento debil ante los lentes que no paran de grabar este complejo movimiento de la historia humana: un hombre en su libreta escribe y se siente digno se pertenecer a cualquier producción cinematográfica de octava categoría, o mucho peor.

Más espero ahora que muy tieso el clima permanece. Sólo siento el eco multiplicado en mi cabeza de los sonidos grabados, y también de esos curiosos que hacen las impresoras viejas de alguno de los tantos bancos que tiene la capital.

Afuera, la acera es otro cuento, la calle otra historia.

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