Yo – savia

En el bosque en que me pierdo, todavía crecen y dan sombra los yarumos que entumecen el día con su palidez.

El río arrastra la madera que meses atrás había caído, cuando los troncos se habían juntado. No necesito piedras para cortar un roble, para montarme en los yarumos, a buscar la salida de la invasión que me corrompe, que me elimina, como el microscopio al misterio que carga el diminuto virus que en silencio avanza y se representa en el papel.

Con más de un centenar de caobas construiré una casa que tenga las ventanas que a la luz le plazca, que el viento requiera; todavía no decido cuántas puertas, pero esperaré a que vengas por mí, para que lo pintes todo con el color de tus ojos bellos que siempre siempre me enamoran más.

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