Cr 31115

Sé que estoy más encerrado que de costumbre; a pesar de que haya un coco que me sostiene preso el cerebro, éste se quiere escapar avanzando por las baldosas hacia el centro…
Pienso, preso, sin saber lo que pasa fuera de mí. De los ojos que ven más allá de las luces opacas donde todo se derrite, y se desploman las piernas cuando comienzo a recordar esas cosas.

¿Te acuerdas de la libertar? Has crecido para estar cautivo de los corazones con que ayudamos a bombardear el nuestro, y así seguir caminando, en pérdidas y reliquias, con lo que hacemos la vida más amable.

Quien se fugue de aquí, temprano, procure alimentar caracolas y tímpanos muertos donde se guardan secretos igual de difuntos a los asuntos que nos muerden. Y que no vuelven, y se olvidan.

Alégrate de verte, tan cerca de las fuentes, tan cerca de las casas, tan cerca de la acera donde nos despedimos.

Donde nos despedimos.

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